Te sientes cansado, entonces ¡te toca tu testosterona! Una reflexión crítica.

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Medicalización hormonal masculina y medicina anti-aging: una reflexión crítica desde la endocrinología y la medicina sexual

Introducción

En la última década, la terapia con testosterona ha dejado de limitarse al tratamiento clásico del hipogonadismo masculino para convertirse progresivamente en parte de una industria orientada hacia la “optimización hormonal”, el “anti-aging” y el “rejuvenecimiento masculino” [1].

Este fenómeno ha coincidido con el crecimiento de plataformas digitales de salud masculina, clínicas privadas de longevidad y estrategias de marketing dirigidas directamente al consumidor. Paralelamente, diversas sociedades científicas internacionales han comenzado a expresar preocupación respecto al uso creciente de testosterona fuera de indicaciones claramente establecidas, particularmente en hombres eugonadales o en contextos de envejecimiento fisiológico [2,3].

El objetivo de esta revisión es analizar críticamente la expansión contemporánea de la medicina hormonal masculina, el papel del marketing digital y las advertencias emitidas por sociedades endocrinológicas y urológicas internacionales frente al uso de testosterona como herramienta de anti-aging o rejuvenecimiento.


Hipogonadismo masculino: enfermedad real, indicaciones precisas

Existe consenso entre la European Association of Urology (EAU), la American Urological Association (AUA) y la International Society for Sexual Medicine (ISSM) en que el diagnóstico de deficiencia de testosterona requiere:

  • síntomas clínicos compatibles,
  • testosterona baja confirmada en mediciones repetidas,
  • y evaluación endocrinológica adecuada [2,4,5].

Las guías europeas son particularmente claras al afirmar que la testosterona no debe utilizarse en hombres eugonadales [2].

Asimismo, la AUA enfatiza que el tratamiento debe basarse en evidencia clínica rigurosa y no únicamente en síntomas inespecíficos como fatiga, disminución subjetiva de energía o reducción del rendimiento físico [4].

Esto resulta especialmente importante porque gran parte de la expansión contemporánea de la TRT ocurre precisamente fuera de estos escenarios clínicos clásicos.


El problema actual: la expansión del concepto de enfermedad

Uno de los fenómenos más preocupantes de la medicina hormonal contemporánea es la progresiva ampliación del concepto de “testosterona baja”.

Actualmente, términos como:

  • “optimización hormonal”,
  • “peak performance”,
  • “longevity medicine”,
  • “anti-aging”,
  • y “rejuvenecimiento masculino”

han comenzado a desplazar el lenguaje endocrinológico tradicional.

La consecuencia es una reinterpretación de fenómenos fisiológicos normales —como el envejecimiento, la fatiga cotidiana, el estrés o los cambios corporales asociados a la edad— como potenciales estados patológicos corregibles mediante terapia hormonal [1].

Este fenómeno fue recientemente expuesto por The Guardian, que describió cómo ciertas plataformas comerciales utilizan cuestionarios, análisis simplificados y campañas digitales para expandir progresivamente la percepción de déficit hormonal en hombres jóvenes y de mediana edad [1].


Las sociedades endocrinológicas han sido claras: la testosterona no debe utilizarse como terapia anti-aging

La preocupación no proviene únicamente de críticos periodísticos o académicos aislados. Diversas sociedades científicas internacionales han publicado posiciones explícitas sobre este tema.

La Endocrine Society señala que la testosterona no constituye una terapia antienvejecimiento y advierte que muchos productos hormonales son promocionados como “anti-aging cure-alls” sin suficiente evidencia científica [6].

Además, la Endocrine Society enfatiza que no existe evidencia suficiente para recomendar testosterona en hombres sanos con el objetivo de revertir el envejecimiento fisiológico o mejorar parámetros inespecíficos de bienestar general [3]. Las guías internacionales insisten en que la terapia hormonal no debe utilizarse como estrategia de rejuvenecimiento ni como intervención preventiva en ausencia de hipogonadismo claramente establecido.

De forma similar, la European Menopause and Andropause Society (EMAS), respaldada por la European Society of Endocrinology, establece que no existe evidencia suficiente para recomendar testosterona de forma rutinaria en hombres mayores con el objetivo de:

  • mejorar función física,
  • aumentar energía,
  • optimizar cognición,
  • o prevenir deterioro asociado a la edad [7].

De forma similar, la European Association of Urology (EAU) recomienda explícitamente evitar el uso de testosterona en hombres eugonadales y desaconseja su utilización con fines de “wellness”, anti-aging o mejora inespecífica del rendimiento físico [2]. Estas recomendaciones reflejan la preocupación creciente sobre la medicalización del envejecimiento masculino y el uso de tratamientos hormonales fuera de indicaciones respaldadas por evidencia robusta.

El American College of Physicians (ACP) también recomendó limitar el uso de testosterona relacionada con la edad únicamente a hombres con disfunción sexual clínicamente significativa, evitando su utilización para “vitalidad”, energía o mejoría general del envejecimiento [8].

Incluso instituciones de divulgación clínica como Mayo Clinic advierten explícitamente que tratar el envejecimiento normal con testosterona “no es aconsejable” [9].


La medicina anti-aging y el riesgo de pseudociencia

La medicina anti-aging frecuentemente utiliza conceptos fisiológicos reales mezclados con extrapolaciones clínicas prematuras.

Ese es precisamente el riesgo actual alrededor de la testosterona.

Aunque existen investigaciones legítimas sobre envejecimiento endocrinológico y salud metabólica masculina, gran parte de la narrativa comercial contemporánea excede considerablemente la evidencia disponible.

En muchos casos:

  • hipótesis fisiológicas se presentan como tratamientos consolidados,
  • estudios preliminares se transforman en promesas terapéuticas,
  • y conceptos ambiguos como “niveles óptimos” reemplazan criterios diagnósticos validados.

La consecuencia es una aproximación pseudocientífica donde la evidencia queda subordinada al marketing.

Esto resulta particularmente preocupante en hombres jóvenes sin hipogonadismo claro, donde la administración crónica de testosterona puede provocar:

  • supresión del eje hipotálamo-hipófisis-gónada,
  • infertilidad,
  • policitemia,
  • dependencia hormonal,
  • y efectos cardiovasculares o psiquiátricos en determinados contextos [7].

Redes sociales y medicalización de la masculinidad

Otro componente importante del problema es cultural.

Las redes sociales han convertido la testosterona en un símbolo de masculinidad, éxito físico y productividad. Como consecuencia, muchos hombres comienzan a interpretar:

  • cansancio,
  • estrés,
  • cambios físicos normales,
  • o disminución subjetiva de rendimiento

como signos de insuficiencia hormonal.

Esto favorece una creciente medicalización de la masculinidad y del envejecimiento masculino.

La preocupación no es únicamente clínica, sino también ética y social: transmitir la idea de que el envejecimiento masculino constituye una enfermedad hormonal tratable puede generar ansiedad innecesaria y dependencia terapéutica en individuos sanos.

Como señala el Dr. Luis Susaníbar:

“No todo hombre que envejece está enfermo, y no todo cambio asociado a la edad representa una indicación hormonal. El riesgo actual es transformar el envejecimiento masculino fisiológico en un mercado terapéutico permanente.”


Una reflexión para las nuevas generaciones médicas

Quizá uno de los aspectos más preocupantes sea la rápida incorporación de médicos jóvenes a modelos de salud altamente influenciados por marketing digital, branding personal y plataformas comerciales escalables.

La medicina hormonal masculina necesita prudencia clínica, no simplificaciones algorítmicas.

La historia de la medicina demuestra repetidamente que muchas intervenciones inicialmente promovidas como revolucionarias terminaron mostrando beneficios limitados o riesgos subestimados cuando fueron evaluadas rigurosamente.

Por ello, resulta fundamental que las nuevas generaciones médicas mantengan pensamiento crítico frente a tendencias terapéuticas impulsadas más por narrativa comercial que por evidencia sólida.


Conclusiones

La terapia con testosterona representa un tratamiento válido y necesario en hombres con hipogonadismo correctamente diagnosticado. Sin embargo, múltiples sociedades científicas internacionales han advertido explícitamente contra el uso indiscriminado de testosterona como herramienta de anti-aging, rejuvenecimiento o “optimización hormonal” [2,6,7].

Las posiciones actuales de sociedades como la Endocrine Society, EAU, AUA, EMAS e ISSM coinciden en un punto fundamental: la testosterona no debe promocionarse como terapia de rejuvenecimiento ni como intervención general anti-aging en hombres sanos [2–8]. La utilización de hormonas con estos fines continúa siendo un área de evidencia limitada y potencialmente vulnerable a prácticas pseudocientíficas y estrategias de comercialización agresiva.

La expansión contemporánea de la medicina hormonal masculina corre el riesgo de transformar procesos fisiológicos normales del envejecimiento en mercados terapéuticos permanentes.

Y cuando la medicina comienza a adoptar la lógica del marketing digital antes que la prudencia científica, el límite entre innovación clínica y pseudociencia se vuelve peligrosamente difuso.


Referencias

  1. Franklin-Wallis O. “They’ve invented a fake pseudo-disease”: why are so many men being told they have low testosterone? The Guardian. May 10, 2026.
  2. European Association of Urology. EAU Guidelines on Sexual and Reproductive Health: Male Hypogonadism. Arnhem, The Netherlands: EAU Guidelines Office; 2025.
  3. Bhasin S, Brito JP, Cunningham GR, et al. Testosterone Therapy in Men With Hypogonadism: An Endocrine Society Clinical Practice Guideline. J Clin Endocrinol Metab. 2018;103(5):1715-1744.
  4. Mulhall JP, Trost LW, Brannigan RE, et al. Evaluation and Management of Testosterone Deficiency: AUA Guideline. J Urol. 2018;200(2):423-432.
  5. Dean JD, McMahon CG, Guay AT, et al. The International Society for Sexual Medicine’s Process of Care for the Assessment and Management of Testosterone Deficiency in Adult Men. J Sex Med. 2015;12(8):1660-1686.
  6. The Endocrine Society. The Truth About Testosterone Treatments. Hormone Health Network. 2020.
  7. Corona G, Goulis DG, Huhtaniemi I, et al. The Effect of Testosterone Supplementation on Functional Capacity in Older Men: EMAS Position Statement. Maturitas. 2023;177:107828.
  8. Qaseem A, Horwitch CA, Vijan S, et al. Testosterone Treatment in Adult Men With Age-Related Low Testosterone: A Clinical Guideline From the American College of Physicians. Ann Intern Med. 2020;172(2):126-133.
  9. Mayo Clinic Staff. Testosterone therapy: Potential benefits and risks as you age. Mayo Clinic. Updated 2024.

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