CAFEÍNA, CAFÉ Y SALUD CARDIOVASCULAR

Lo que la evolución de la evidencia científica nos enseña sobre nutrición y riesgo cardiovascular

La cafeína es una de las sustancias psicoactivas más consumidas en el mundo. Desde el punto de vista químico, pertenece al grupo de las metilxantinas y ejerce un conocido efecto estimulante sobre el sistema nervioso central. Aumenta el estado de alerta y disminuye la sensación de sueño, principalmente mediante el bloqueo de los receptores de adenosina.

Durante muchos años existió preocupación por sus posibles efectos cardiovasculares. La cafeína puede producir un aumento transitorio de la presión arterial, generar palpitaciones y modificar temporalmente la frecuencia cardíaca. Además, algunos estudios antiguos encontraron una asociación entre un mayor consumo de café y enfermedades cardiovasculares.

Por este motivo, durante décadas el café fue considerado con cierta desconfianza desde el punto de vista cardiológico.

Sin embargo, la evidencia científica fue evolucionando.

Actualmente sabemos que, para la mayoría de los adultos, el consumo moderado de café es seguro. Más aún, numerosos estudios observacionales han encontrado que su consumo habitual se asocia con resultados favorables en diferentes aspectos de la salud cardiovascular.

La historia del café es también un excelente ejemplo de cómo evoluciona el conocimiento médico cuando aparecen mejores estudios y aprendemos a interpretar los resultados con mayor precisión.


Lección 1. Efectos agudos no son lo mismo que efectos crónicos

Después de consumir cafeína puede producirse un aumento transitorio de la presión arterial. Este efecto suele ser más evidente en personas que consumen poca cafeína habitualmente.

Sin embargo, con el consumo regular puede desarrollarse cierto grado de tolerancia, por lo que esta respuesta tiende a disminuir.

Esto nos enseña algo importante:

Lo que ocurre durante las primeras horas después de consumir una sustancia no necesariamente predice lo que ocurrirá después de años de consumo habitual.

Los estudios realizados a largo plazo no muestran necesariamente el mismo comportamiento cardiovascular que se observa inmediatamente después de ingerir cafeína.

Por eso, en nutrición y medicina debemos diferenciar siempre entre una respuesta fisiológica aguda y un verdadero desenlace clínico a largo plazo.


Lección 2. Un mecanismo biológico no demuestra un efecto clínico

La cafeína actúa sobre diferentes mecanismos del organismo, particularmente sobre los receptores de adenosina y el sistema nervioso.

En algunas personas puede producir palpitaciones, sensación de aceleración del corazón o mayor percepción de los latidos.

Durante años esto hizo pensar que el café podría favorecer la aparición de arritmias.

Sin embargo, la evidencia clínica disponible no demuestra que el consumo moderado de café aumente de manera general el riesgo de arritmias. Algunos estudios incluso han encontrado una asociación entre el consumo habitual de café y una menor incidencia de determinados trastornos del ritmo cardíaco.

Esto nos deja otra enseñanza importante:

Un mecanismo biológicamente posible no equivale necesariamente a un efecto clínicamente demostrado.

Los mecanismos fisiológicos son útiles para formular hipótesis, pero las recomendaciones médicas deben sustentarse principalmente en lo que realmente sucede cuando estudiamos a grandes grupos de personas.


Lección 3. Cafeína y café no son exactamente lo mismo

Uno de los errores frecuentes cuando hablamos de nutrición consiste en atribuir a un alimento completo los efectos de uno solo de sus componentes.

El café contiene cafeína, pero no está compuesto únicamente por cafeína.

También contiene numerosos compuestos bioactivos, entre ellos polifenoles y ácidos clorogénicos, que pueden tener propiedades antioxidantes, metabólicas, antiinflamatorias y vasculares.

Por esta razón, estudiar los efectos de la cafeína aislada no necesariamente permite conocer todos los efectos que tendrá una taza de café.

Lo mismo ocurre cuando comparamos café con bebidas energéticas.

Aunque ambos pueden contener cafeína, son productos completamente diferentes.

Las bebidas energéticas pueden contener concentraciones elevadas de cafeína, azúcar y otros estimulantes. Además, con frecuencia se consumen rápidamente o en grandes cantidades.

Por lo tanto:

Cafeína, café y bebidas energéticas no deben considerarse equivalentes.


Lección 4. Asociación no significa causalidad

Los primeros estudios observacionales encontraron que las personas que bebían más café parecían presentar mayor frecuencia de enfermedades cardiovasculares.

El problema era que muchos consumidores importantes de café también tenían otros hábitos perjudiciales.

Uno de los ejemplos más importantes era el tabaquismo.

En determinadas poblaciones, quienes bebían grandes cantidades de café también fumaban con mayor frecuencia. Por lo tanto, parte del riesgo cardiovascular inicialmente atribuido al café podía explicarse realmente por el cigarrillo y por otros factores asociados al estilo de vida.

Cuando los estudios comenzaron a controlar mejor estas variables, la supuesta asociación negativa entre café y enfermedad cardiovascular disminuyó considerablemente.

Esta es una de las grandes dificultades de los estudios nutricionales.

Si dos cosas aparecen relacionadas, no necesariamente significa que una sea la causa de la otra.


Entonces, ¿el café protege al corazón?

La evidencia epidemiológica contemporánea muestra que el consumo moderado de café no parece incrementar el riesgo cardiovascular en la mayoría de las personas.

Además, numerosos estudios han encontrado asociaciones entre el consumo habitual de café y un menor riesgo de determinados problemas cardiovasculares y metabólicos.

Sin embargo, debemos interpretar correctamente esta información.

Encontrar que quienes consumen café presentan estadísticamente menos eventos cardiovasculares no significa automáticamente que el café sea responsable de esa reducción.

Por ello, no deberíamos considerar al café como un tratamiento ni recomendar que una persona que nunca bebe café comience a consumirlo exclusivamente para prevenir enfermedades cardiovasculares.


¿Cuánta cafeína puede consumirse al día?

Para la mayoría de los adultos sanos, una ingesta total de aproximadamente hasta 400 mg de cafeína al día suele considerarse compatible con un consumo seguro.

Con frecuencia se menciona que esta cantidad equivale aproximadamente a unas 3 a 5 tazas de café.

Sin embargo, esta equivalencia debe interpretarse con cautela.

Una taza de café no contiene siempre la misma cantidad de cafeína. La concentración depende del tipo de grano, la preparación, el tamaño de la taza y la cantidad utilizada.

Por ello, es más correcto hablar de miligramos de cafeína que simplemente de número de tazas.


No todas las personas toleran igual la cafeína

La respuesta a la cafeína varía considerablemente entre individuos.

Algunas personas pueden beber varias tazas de café sin experimentar molestias, mientras que otras presentan síntomas con cantidades relativamente pequeñas.

Un consumo excesivo puede provocar:

  • palpitaciones;
  • temblor;
  • nerviosismo o ansiedad;
  • dificultad para dormir;
  • molestias digestivas o reflujo;
  • cefalea;
  • aumento transitorio de la presión arterial.

Por esta razón, la cantidad adecuada debe individualizarse.

Si una persona presenta repetidamente síntomas después de consumir cafeína, probablemente su límite personal sea inferior al considerado seguro para la población general.


Café no significa bebida energética

Este punto merece especial atención.

Los resultados favorables observados en numerosos estudios sobre consumo de café no pueden extrapolarse automáticamente a las bebidas energéticas.

Estas bebidas pueden contener cantidades importantes de cafeína y otros estimulantes y, dependiendo de la formulación, cantidades elevadas de azúcar.

Además, muchas veces se consumen rápidamente, en grandes volúmenes o combinadas con otras sustancias.

Por ello, hablar de la seguridad del consumo moderado de café no significa recomendar el consumo habitual de bebidas energéticas.


CONCLUSIONES

La evidencia científica actual permite tener una visión mucho más equilibrada sobre la cafeína y el café.

Para la mayoría de los adultos sanos, el consumo moderado de café parece ser seguro desde el punto de vista cardiovascular.

La cafeína puede producir cambios transitorios en la presión arterial, la frecuencia cardíaca o la percepción de los latidos, pero estos efectos agudos no necesariamente se traducen en un mayor riesgo cardiovascular a largo plazo.

Numerosos estudios observacionales incluso encuentran una asociación entre el consumo habitual de café y un menor riesgo de determinados eventos cardiovasculares y metabólicos. Sin embargo, esto no convierte al café en un medicamento ni demuestra que beberlo sea directamente responsable de esos beneficios.

Como referencia general, una ingesta de hasta aproximadamente 400 mg de cafeína al día suele considerarse aceptable para la mayoría de los adultos sanos, aunque la tolerancia individual puede ser considerablemente menor.

Finalmente, café, cafeína aislada, té, mate y bebidas energéticas no deben interpretarse como productos equivalentes.

La historia de la cafeína nos deja además una enseñanza que va mucho más allá del café:

en medicina, un mecanismo biológico no siempre predice un resultado clínico, un efecto inmediato no necesariamente anticipa las consecuencias a largo plazo y una asociación estadística no demuestra causalidad.

La ciencia médica evoluciona precisamente porque las conclusiones deben modificarse cuando aparece evidencia de mejor calidad.

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Urología Peruana Dr. Luis Susaníbar

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