
Sí, los pellets de testosterona funcionan, pero no son la mejor opción para todos los pacientes. Las principales guías internacionales de la European Association of Urology (EAU) y la American Urological Association (AUA) consideran a los pellets subcutáneos como una forma válida de terapia de reemplazo de testosterona en hombres con hipogonadismo confirmado, es decir, cuando existen síntomas compatibles y niveles bajos de testosterona documentados mediante estudios de laboratorio.
Los pellets son pequeños cilindros de testosterona que se implantan bajo la piel, generalmente en la región glútea, mediante un procedimiento ambulatorio con anestesia local. Una vez colocados, liberan la hormona de manera lenta y sostenida durante aproximadamente 3 a 6 meses, lo que permite mantener niveles hormonales relativamente estables sin la necesidad de aplicaciones semanales o el uso diario de geles.
Su principal ventaja es la comodidad. Al evitar las aplicaciones frecuentes, mejoran la adherencia al tratamiento y reducen las fluctuaciones hormonales que algunos pacientes experimentan con otras presentaciones. Además, al no requerir aplicación cutánea diaria, eliminan el riesgo de transferencia de testosterona a la pareja o a los hijos, un aspecto importante en quienes utilizan geles.
Sin embargo, también presentan limitaciones. Una vez implantados, no pueden retirarse fácilmente si aparecen efectos adversos o si es necesario suspender el tratamiento. El procedimiento puede ocasionar molestias locales, hematomas, infección o, en un pequeño porcentaje de pacientes, expulsión de alguno de los pellets. Por ello, muchos especialistas prefieren iniciar la terapia con formulaciones de acción más corta antes de optar por una modalidad de larga duración.
Es importante recordar que ninguna forma de testosterona es superior en eficacia clínica cuando logra mantener concentraciones adecuadas en sangre. La elección entre pellets, geles, inyecciones o formulaciones orales depende del perfil del paciente, sus preferencias, la disponibilidad del tratamiento, el costo y la posibilidad de realizar un seguimiento adecuado.
Finalmente, la terapia con testosterona requiere un control médico periódico. Las guías recomiendan monitorizar la respuesta clínica, los niveles hormonales, el hematocrito, el antígeno prostático específico (PSA) cuando esté indicado y la salud prostática y cardiovascular. El objetivo no es simplemente aumentar la testosterona, sino restaurar niveles fisiológicos de forma segura y mejorar la calidad de vida del paciente con un tratamiento individualizado.
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Urología Peruana Dr. Luis Susaníbar

