
La testosterona baja, también denominada hipogonadismo masculino, no puede diagnosticarse únicamente por la presencia de síntomas ni por un análisis de sangre aislado. De acuerdo con las guías de la European Association of Urology (EAU), la American Urological Association (AUA) y la International Society for Sexual Medicine (ISSM), el diagnóstico requiere la combinación de síntomas clínicos compatibles junto con niveles bajos de testosterona confirmados mediante estudios de laboratorio.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la disminución del deseo sexual, menor frecuencia de erecciones espontáneas o matutinas, disfunción eréctil, fatiga persistente, reducción de la fuerza y la masa muscular, aumento de la grasa corporal, disminución del rendimiento físico, alteraciones del estado de ánimo, dificultad para concentrarse e incluso reducción de la densidad ósea en casos prolongados. Sin embargo, estos síntomas también pueden aparecer en enfermedades como diabetes, obesidad, trastornos del sueño, depresión, enfermedades tiroideas o como consecuencia de algunos medicamentos, por lo que no son exclusivos del déficit de testosterona.
La evaluación comienza con la medición de la testosterona total en sangre, idealmente entre las 7 y las 11 de la mañana, cuando sus niveles son más elevados. Debido a que la testosterona presenta variaciones fisiológicas entre un día y otro, las guías recomiendan confirmar el hallazgo con una segunda determinación antes de establecer el diagnóstico. Cuando existen situaciones que pueden alterar la proteína transportadora (SHBG), como obesidad, envejecimiento, enfermedad hepática o trastornos tiroideos, puede ser necesario calcular o medir la testosterona libre para obtener una valoración más precisa.
Una vez confirmado un nivel bajo de testosterona, el siguiente paso es identificar la causa. Para ello suelen solicitarse estudios complementarios como LH, FSH y prolactina, y en determinados pacientes también se evalúan el perfil tiroideo, la ferritina, estudios genéticos o una resonancia de hipófisis, dependiendo de los hallazgos clínicos. Esta etapa es fundamental porque el tratamiento puede variar significativamente según el origen del problema.
Es importante destacar que no todo hombre con cansancio o disminución del deseo sexual necesita terapia con testosterona. Del mismo modo, un resultado ligeramente bajo en un análisis aislado no justifica iniciar tratamiento. La terapia de reemplazo solo está indicada cuando existe una correlación clara entre síntomas y alteraciones hormonales confirmadas, tras descartar causas potencialmente reversibles.
En la práctica clínica, una evaluación integral permite diferenciar entre el envejecimiento fisiológico, enfermedades asociadas y un verdadero hipogonadismo. Un diagnóstico correcto no solo evita tratamientos innecesarios, sino que también permite identificar enfermedades subyacentes y ofrecer la estrategia terapéutica más adecuada para cada paciente.
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Urología Peruana Dr. Luis Susaníbar

