
Introducción
La erección y la eyaculación son dos procesos fisiológicos complejos que requieren la participación coordinada de múltiples sistemas del organismo. Tradicionalmente, la atención se ha centrado en el papel del sistema nervioso, las hormonas y la circulación sanguínea; sin embargo, la contribución de la musculatura pélvica ha recibido un creciente interés debido a su importancia en la función sexual masculina.
Dentro de esta musculatura pueden distinguirse dos grupos anatómicos estrechamente relacionados: los músculos perineales y los músculos del piso pélvico. Aunque comparten conexiones anatómicas y funcionales, cada uno desempeña funciones específicas durante las distintas fases de la respuesta sexual. Los músculos perineales, especialmente el isquiocavernoso y el bulboesponjoso, participan directamente en el mantenimiento de la rigidez peneana y en la expulsión del semen durante la eyaculación. Por su parte, los músculos del piso pélvico proporcionan soporte a los órganos pélvicos, contribuyen a los mecanismos de continencia y actúan como una plataforma funcional que favorece el adecuado desempeño de la musculatura perineal.
La comprensión de estos mecanismos resulta especialmente relevante en la práctica clínica moderna, ya que las alteraciones de la musculatura pélvica se han asociado con trastornos como la disfunción eréctil, la eyaculación precoz, el dolor pélvico crónico y algunos síntomas urinarios. Asimismo, la evaluación y rehabilitación de estos músculos han adquirido un papel creciente dentro de las estrategias terapéuticas destinadas a mejorar la salud sexual masculina.
El objetivo de este artículo es revisar la anatomía y fisiología de los músculos perineales y del piso pélvico, así como analizar su participación específica en los mecanismos de la erección y la eyaculación
Diferencia entre músculos del piso pélvico y músculos perineales
Existe una diferencia anatómica fundamental entre los músculos del piso pélvico y los músculos perineales, aunque ambos sistemas están estrechamente relacionados desde el punto de vista funcional.
Clasificación anatómica
1. Músculos perineales
Se localizan en el periné y se distribuyen en dos regiones principales:
Triángulo urogenital (anterior)
Plano superficial
- Músculo bulboesponjoso (bulbocavernoso)
- Músculo isquiocavernoso
- Músculo transverso superficial del periné
Plano profundo
- Esfínter uretral externo
- Músculo transverso profundo del periné
Triángulo anal (posterior)
- Esfínter anal externo
2. Músculos del piso pélvico
Constituyen principalmente el complejo elevador del ano, que forma una estructura musculofascial en forma de embudo encargada de sostener las vísceras pélvicas.
Está compuesto por:
- Puborrectal
- Pubococcígeo
- Iliococcígeo
- Músculo coccígeo (isquiococcígeo)
Papel en la función sexual masculina
Desde una perspectiva funcional, los principales protagonistas de la erección y la eyaculación son los músculos perineales superficiales, especialmente:
- Isquiocavernoso: comprime las cruras del pene y contribuye al mantenimiento de la rigidez eréctil al reducir el drenaje venoso.
- Bulboesponjoso (bulbocavernoso): participa en la fase expulsiva de la eyaculación mediante contracciones rítmicas que facilitan la expulsión del semen y contribuyen al vaciamiento uretral.
Por el contrario, los músculos del piso pélvico propiamente dichos (elevador del ano) desempeñan una función más indirecta. Su papel principal consiste en proporcionar soporte a los órganos pélvicos, contribuir a los mecanismos de continencia urinaria y fecal, y estabilizar el complejo perineal durante la actividad sexual.
Integración funcional
Aunque anatómicamente se distinguen como grupos musculares diferentes, existe una importante continuidad funcional entre ellos. Diversos estudios anatómicos han demostrado conexiones a través del cuerpo perineal y de las estructuras fasciales que permiten la transmisión de fuerzas entre el esfínter anal externo, los músculos perineales superficiales y el elevador del ano.
Por ello, durante la erección, la eyaculación, el orgasmo y los mecanismos de continencia, ambos sistemas actúan de manera coordinada.
Concepto práctico
Músculos del piso pélvico
- Puborrectal
- Pubococcígeo
- Iliococcígeo
- Coccígeo
Músculos perineales con participación directa en la función sexual
- Bulboesponjoso (bulbocavernoso)
- Isquiocavernoso
- Transverso superficial del periné
- Transverso profundo del periné
- Esfínter uretral externo
En términos clínicos, puede afirmarse que los músculos perineales, especialmente el bulboesponjoso y el isquiocavernoso, son los principales efectores musculares de la erección y la eyaculación, mientras que los músculos del piso pélvico actúan como una plataforma de soporte y estabilización que favorece el adecuado funcionamiento de estas estructuras.

Introduction and Epidemiology of Pelvic Floor Dysfunction. Ambulatory Urology and Urogynaecology. 31 de diciembre de 2020.

The Urethral Rhabdosphincter, Levator Ani Muscle, and Perineal Membrane: A Review. Biomed Res Int. 25 de octubre de 2013.
¿Cómo funcionan en conjunto?
El texto puede ganar claridad anatómica y clínica si se enfatiza que los músculos del piso pélvico y los músculos perineales no son lo mismo, pero funcionan como una unidad neuromuscular durante la respuesta sexual masculina.
Interacción entre los músculos del piso pélvico y los músculos perineales en la función sexual masculina
Los músculos del piso pélvico y los músculos perineales constituyen dos grupos anatómicos distintos, pero estrechamente integrados desde el punto de vista funcional. Durante la respuesta sexual masculina actúan de manera coordinada, formando una unidad neuromuscular responsable de optimizar la erección, la eyaculación y el orgasmo.
Papel durante la erección
La erección depende inicialmente de mecanismos vasculares y neurológicos que permiten el llenado de los cuerpos cavernosos. Sin embargo, la rigidez máxima del pene requiere la participación activa de la musculatura perineal.
El músculo isquiocavernoso, ubicado en el periné superficial, desempeña un papel fundamental en esta fase. Su contracción comprime las raíces de los cuerpos cavernosos, reduce el drenaje venoso y aumenta significativamente la presión intracavernosa, permitiendo alcanzar la denominada fase de rigidez completa. Por esta razón, suele considerarse el principal músculo efector de la erección.
De forma simultánea, los músculos del piso pélvico, especialmente el pubococcígeo, contribuyen a estabilizar las estructuras pélvicas y a incrementar la presión sobre el bulbo peniano. Estudios experimentales han demostrado que la actividad del elevador del ano potencia los efectos generados por la musculatura perineal, evidenciando una estrecha sinergia funcional entre ambos grupos musculares.
En consecuencia, la calidad de la erección no depende únicamente de la integridad vascular del pene, sino también de la adecuada función de la musculatura perineal y del piso pélvico.
Papel durante la eyaculación
La fase expulsiva de la eyaculación constituye uno de los ejemplos más claros de coordinación neuromuscular entre ambos grupos musculares.
El músculo bulboesponjoso, localizado en el periné superficial, genera contracciones rítmicas e involuntarias durante el orgasmo. Estas contracciones impulsan el semen a través de la uretra y permiten su expulsión al exterior. Debido a esta función, se le considera el principal músculo expulsor de la eyaculación.
Paralelamente, los músculos del piso pélvico, especialmente el pubococcígeo y otros componentes del elevador del ano, participan en la estabilización del suelo pélvico, el cierre funcional de la uretra proximal y la coordinación de los reflejos involucrados en la eyaculación. Esta acción favorece la dirección anterógrada del semen y contribuye a evitar el reflujo hacia la vejiga.
Los registros electromiográficos muestran que existe una activación prácticamente sincronizada entre el elevador del ano y el bulboesponjoso durante el orgasmo, lo que confirma la existencia de una coordinación funcional altamente especializada.
Integración neurológica
La coordinación entre los músculos perineales y los músculos del piso pélvico depende de circuitos neurológicos compartidos localizados en la médula espinal y en centros superiores del sistema nervioso central.
Los músculos perineales superficiales, como el bulboesponjoso y el isquiocavernoso, reciben inervación principalmente a través de las ramas perineales del nervio pudendo. Por su parte, el elevador del ano recibe inervación directa procedente de las raíces sacras S3 y S4.
A pesar de estas diferencias anatómicas, ambos grupos musculares convergen funcionalmente mediante circuitos espinales comunes, incluyendo las motoneuronas del núcleo de Onuf y redes neuronales implicadas en la generación de la erección y la eyaculación.
Relevancia clínica
La evidencia científica demuestra que el fortalecimiento de la musculatura del piso pélvico puede mejorar la función sexual masculina. Los programas de rehabilitación dirigidos a estos músculos han mostrado incrementos significativos de la presión intracavernosa, mejoras en la rigidez peniana y beneficios en pacientes con disfunción eréctil y eyaculación precoz.
Desde una perspectiva clínica, puede entenderse que:
- El isquiocavernoso es el principal músculo de la rigidez eréctil.
- El bulboesponjoso es el principal músculo expulsor de la eyaculación.
- El elevador del ano, especialmente el pubococcígeo, actúa como soporte y coordinador funcional de ambos procesos.
Por ello, la evaluación y rehabilitación de la musculatura pélvica constituyen componentes importantes en el abordaje moderno de diversos trastornos sexuales masculinos.
El músculo de la erección: el isquiocavernoso
Existe la creencia de que la erección depende exclusivamente del aumento del flujo sanguíneo hacia el pene. Sin embargo, desde el punto de vista fisiológico, es necesario distinguir entre tumescencia y rigidez eréctil, ya que son fenómenos relacionados, pero no idénticos.
Dos fases de la erección
La erección normal puede dividirse en dos etapas funcionales:
1. Fase vascular o de tumescencia
Es la fase inicial de la erección.
Se produce por activación de las vías parasimpáticas sacras, relajación del músculo liso cavernoso, aumento del flujo arterial y reducción del drenaje venoso. Como consecuencia, los cuerpos cavernosos se llenan progresivamente de sangre y el pene aumenta de tamaño y consistencia.
Esta fase es predominantemente un fenómeno vascular y autonómico, independiente de la contracción de los músculos perineales.
2. Fase muscular o de rigidez
La rigidez máxima del pene requiere la participación activa de la musculatura perineal.
En esta etapa, la contracción del músculo isquiocavernoso comprime las raíces de los cuerpos cavernosos, dificultando aún más el retorno venoso y elevando la presión intracavernosa hasta valores que pueden superar la presión arterial sistólica.
Gracias a este mecanismo, el pene adquiere la rigidez necesaria para la penetración.
Por esta razón, el músculo isquiocavernoso es considerado el verdadero «músculo de la erección».
Diversos estudios han demostrado que la estimulación del isquiocavernoso incrementa significativamente la presión intracavernosa sin modificar de manera importante la presión uretral, confirmando su papel específico en la generación de la rigidez peniana.

Erectile Dysfunction. N Engl J Med. 14 de junio de 2000.
Credits The New England Journal of Medicine.
El bulboesponjoso: el músculo de la eyaculación
A diferencia del isquiocavernoso, el músculo bulboesponjoso tiene una participación limitada en la erección.
Su función principal ocurre durante el orgasmo y la eyaculación, cuando genera contracciones rítmicas que impulsan el semen a través de la uretra y permiten su expulsión al exterior.
La estimulación del bulboesponjoso aumenta la presión de la uretra bulbosa y del cuerpo esponjoso, pero produce escasos cambios en la presión intracavernosa.
Por ello, puede considerarse el principal «músculo de la eyaculación».
Papel del pubococcígeo y del piso pélvico
Los músculos del piso pélvico, especialmente el pubococcígeo, desempeñan un papel complementario.
Contribuyen a la estabilidad de las estructuras pélvicas, participan en reflejos urogenitales y colaboran con la musculatura perineal durante la respuesta sexual. Además, el entrenamiento de estos músculos puede mejorar la rigidez eréctil y algunos parámetros de la función sexual masculina.
Sin embargo, la evidencia actual indica que no constituyen los principales efectores mecánicos de la erección. Ese papel corresponde predominantemente al músculo isquiocavernoso.
Control neurológico de la erección
La erección es el resultado de la interacción de tres sistemas neurológicos:
- Sistema parasimpático sacro: inicia la tumescencia y favorece la erección.
- Sistema simpático: participa en la detumescencia y en la fase de emisión seminal.
- Sistema somático pudendo: controla los músculos perineales estriados, especialmente el isquiocavernoso y el bulboesponjoso.
En consecuencia, el nervio pudendo no inicia la erección, pero sí transforma una erección vascular en una erección rígida y funcional mediante la activación del músculo isquiocavernoso.
Concepto clave
La tumescencia es un fenómeno vascular. La rigidez es un fenómeno muscular.
La sangre llena los cuerpos cavernosos, pero es la contracción del músculo isquiocavernoso la que permite alcanzar la máxima rigidez eréctil. Por ello, desde una perspectiva funcional, el isquiocavernoso puede considerarse el principal músculo de la erección, mientras que el bulboesponjoso constituye el principal músculo de la eyaculación.
Los músculos de la eyaculación: una acción coordinada entre musculatura lisa, músculos perineales y piso pélvico
La eyaculación es un proceso neuromuscular complejo que requiere la acción coordinada de estructuras viscerales y somáticas. Tradicionalmente se divide en dos fases: emisión y expulsión, cada una controlada por mecanismos neurológicos diferentes.
Primera fase: emisión del semen
La emisión consiste en el transporte del semen hacia la uretra prostática o uretra posterior.
Durante esta etapa predominan los mecanismos autonómicos simpáticos, originados principalmente en los segmentos toracolumbares T11-L2.
La contracción de la musculatura lisa del:
- Epidídimo
- Conducto deferente
- Vesículas seminales
- Próstata
permite que las secreciones reproductivas converjan en la uretra prostática para formar el eyaculado.
Las vesículas seminales aportan aproximadamente el 70% del volumen total del semen, mientras que la próstata contribuye con una fracción importante de líquido prostático rico en enzimas y sustancias nutritivas.
De forma simultánea se produce el cierre del cuello vesical, mecanismo indispensable para evitar el reflujo del semen hacia la vejiga, fenómeno conocido como eyaculación retrógrada.
Por tanto, la emisión es esencialmente una fase de musculatura lisa visceral bajo control simpático.
Segunda fase: expulsión del semen
Una vez que el semen alcanza la uretra posterior, se desencadena la fase expulsiva.
Esta etapa depende principalmente del sistema nervioso somático y de la contracción coordinada de los músculos estriados perineales y del piso pélvico.
El bulboesponjoso: el principal músculo de la eyaculación
El músculo bulboesponjoso constituye el principal efector mecánico de la expulsión seminal.
Bajo control del nervio pudendo, genera contracciones rítmicas e involuntarias que comprimen el bulbo uretral y propulsan el semen a través de la uretra peneana.
Estas contracciones producen las descargas pulsátiles características de la eyaculación masculina y son responsables de la salida efectiva del semen al exterior.
Por esta razón, el bulboesponjoso puede considerarse el verdadero «músculo de la eyaculación».
El pubococcígeo: estabilizador y potenciador de la expulsión
El músculo pubococcígeo, componente del elevador del ano y del piso pélvico, participa activamente durante la fase expulsiva.
Su contracción contribuye al aumento de la presión uretral, estabiliza las estructuras pélvicas y favorece la dirección anterógrada del eyaculado.
Los estudios experimentales muestran que la alteración de su inervación puede disminuir la presión uretral máxima durante la eyaculación y favorecer fenómenos de eyaculación retrógrada o retrasada.
Por ello, aunque no es el principal músculo expulsor, sí constituye un importante músculo de soporte y coordinación eyaculatoria.
El isquiocavernoso: contribución complementaria
El músculo isquiocavernoso participa principalmente en el mantenimiento de la rigidez eréctil mediante el aumento de la presión intracavernosa.
Sin embargo, durante el orgasmo también presenta actividad refleja sincronizada con el resto de la musculatura perineal, contribuyendo al aumento de la presión perineal global y a la eficiencia del proceso eyaculatorio.
El esfínter uretral externo
El esfínter uretral externo participa en la coordinación de la expulsión y colabora con otros músculos del periné y del piso pélvico para optimizar la dinámica uretral durante el orgasmo.
El generador espinal de la eyaculación
La eyaculación no depende de un único músculo ni de un único nervio.
Actualmente se reconoce la existencia de un centro coordinador medular conocido como generador espinal de la eyaculación, localizado principalmente en segmentos lumbares bajos (L3-L5).
Este centro integra información procedente del hipotálamo, tronco encefálico y receptores genitales, coordinando simultáneamente:
- La contracción de la musculatura lisa de los órganos reproductores.
- El cierre del cuello vesical.
- La activación del núcleo de Onuf.
- La contracción sincronizada del bulboesponjoso, isquiocavernoso, esfínter uretral externo y músculos del piso pélvico.
Orgasmo y eyaculación: fenómenos relacionados pero diferentes
Aunque suelen ocurrir simultáneamente, el orgasmo y la eyaculación no son sinónimos.
La eyaculación es un fenómeno motor y secretor que culmina con la expulsión del semen.
El orgasmo es una experiencia sensorial y neurofisiológica compleja caracterizada por:
- Sensación subjetiva de placer intenso.
- Contracciones rítmicas de la musculatura perineal y pélvica.
- Incremento de la frecuencia cardíaca.
- Elevación de la presión arterial.
- Aumento de la frecuencia respiratoria.
- Liberación de neurotransmisores y neuromoduladores, incluyendo oxitocina.
Por ello, pueden existir orgasmos sin eyaculación y eyaculaciones con alteración de la sensación orgásmica.
Concepto clave
La emisión es una función de la musculatura lisa visceral.
La expulsión es una función de la musculatura estriada perineal y del piso pélvico.
Dentro de esta segunda fase, el bulboesponjoso es el principal músculo expulsor del semen, mientras que el pubococcígeo y el resto de la musculatura del piso pélvico actúan como estabilizadores y potenciadores del proceso eyaculatorio.
Para fines docentes, la secuencia más fácil de recordar es:
Emisión → simpático → músculo liso visceral.
Expulsión → nervio pudendo → bulboesponjoso.
Soporte y coordinación → pubococcígeo y elevador del ano.
Un resumen de los músculos y su papel en la erecció y eyaculación


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Urología Peruana Dr. Luis Susaníbar

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